Crónicas de una poeta

Hace 7 años empecé un camino muy diferente. En la soledad del inmigrante, me encontraba buscando un sentido más allá del trabajo que tenía en ese momento. Quería algo más fuerte, algo que me llevara a levantarme todos los días de la cama con emoción. En esa búsqueda, comprendí lo difícil que era caminar, tenía emociones en mí que hacían el viaje muy pesado. Empecé a ver todo con colores que no me gustaban, y la verdad, jamás en mi vida había notado el peso que tenía cargar con emociones de hace muchos años, sin sanar, sin hacer ningún tipo de catarsis. Recuerdo que me gustaba mucho drenar en el deporte –quizá eso fue lo que me mantuvo a salvo tanto tiempo– pero, sin embargo, no era suficiente.
En la inquietud y la incomodidad de mi presente en ese momento –era el año 2016– sin amigas en mi nuevo hogar, ni trabajo y evidentemente sin $1 en mi cuenta, recuerdo, en la sala de la casa de mi abuela, empecé a escribir como una especie de diario. Me hacía sentir muy bien, claro, aún no compartía nada con nadie. Empecé a sentir algo maravilloso, creí en ese momento que estaba por encontrar un lugar en el mundo y ese lugar eran mis letras. Con MUCHO miedo, creé un blog que titulé “Escritos de domingos”. Fue hermoso, quería sentarme a escribir en todos lados. A veces publicaba más de dos veces a la semana, era como si encontrara otra voz dentro de mí, fue grandioso. Un blog hermoso que me liberó de las cadenas que me ataban a un pasado que no me gustaba, que quería volver a pintar y me abrió un paraíso tan maravilloso, que fue ahí donde dije –debo saber más de la escritura, algo debo aprender, quiero que más personas me lean y se sientan identificadas–. Y como es la vida, a los 6 meses se presentó la oportunidad de hacer mi primer libro en el 2017, que se tituló “Pasiones Narcóticas”.
Ustedes dirán, ¿para qué me cuenta todo esto? Porque en el 2016 encontré la catarsis más importante de mi vida, las letras. Con ellas he superado amores, pérdidas, días grises, problemas financieros, etc. En ellas he encontrado un refugio donde puedo plasmar mis pensamientos, darles forma y así hacer el esfuerzo de construir un mejor porvenir no solo para mi carrera o mi cuerpo físico, sino el que para mí es más importante, el espiritual.
Me animé, después de 5 años, a retomar mi blog. Aunque sé que hoy en día estamos más cerca a través de las redes sociales, la verdad es que en ellas no encuentro la misma intimidad que escribirles un día cualquiera, para que ustedes del otro lado de la pantalla o el papel, digan –¡coño, me encanta esto, puedo respirar de nuevo sin tener que dar "me gusta"!– Aquí quiero ser libre, y quiero que como resultado ustedes también lo sean. No quiero un lenguaje perfecto ni sofisticado, quiero la impulsividad de la emoción que a veces viene cargada con un –¡coño, no joda, carajo!–. No quiero limitarme porque eso no está bien para las redes. Quiero que sintamos libertad, que no tengamos miedo a errar, que seamos una comunidad de otro puto nivel.
Así que, si ya llegaste hasta esta línea, probablemente te quedes hasta el final. No quiero agradecerte porque estés aquí, ya que esto no se trata de mí, sino de ti. Si gustas, estaré por aquí todos los domingos, sin filtros ni esas pendejadas para que todo se vea bonito.
Los quiere,
- Laura Chimaras
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